No hace falta pasar por todas las etapas: los puntos de entrada a un proyecto OxI o SxI

28 de julio, 2026  ·  13 min de lectura

Una de las razones por las que muchas empresas no dan el paso hacia Obras por Impuestos es una impresión equivocada: la de que participar significa comprometerse con una maratón completa, desde formular un proyecto de cero hasta liquidarlo, pasando por cada etapa intermedia sin posibilidad de entrar más adelante. Vista así, la oportunidad parece un compromiso de todo o nada, reservado a quien puede recorrer el camino entero. Pero no es así como funciona el mecanismo.

El ciclo de una inversión pública tiene varias puertas de entrada, y una empresa puede sumarse en el momento que mejor se ajuste a su perfil, a su capacidad y a su apetito de participación. Se puede entrar cuando el proyecto es apenas una idea, cuando ya tiene su viabilidad y necesita expediente técnico, cuando está listo para ejecutarse, o incluso cuando la obra ya existe y lo que se requiere es operarla y mantenerla. Este artículo recorre esas puertas de entrada y muestra que la pregunta relevante no es si se puede participar, sino desde dónde conviene hacerlo.

El ciclo tiene varias puertas de entrada

Conviene precisar algo desde el inicio, porque suele malinterpretarse: los puntos de entrada no son compartimentos excluyentes entre los que hay que elegir uno y renunciar a los demás. Son momentos a partir de los cuales un promotor puede incorporarse a promover e invertir en un proyecto. Quien entra en un punto temprano normalmente continúa por las etapas siguientes —ese es, de hecho, el desenlace más esperado—, y quien entra en un punto más avanzado simplemente se suma a un proyecto que ya recorrió parte del camino.

Los momentos de entrada se corresponden con las etapas del ciclo: la preinversión, donde el proyecto se formula y obtiene su sustento; la elaboración del expediente técnico, donde se detalla técnicamente lo que se va a ejecutar; la ejecución, donde la inversión se materializa; y la operación y mantenimiento, donde la inversión ya construida se pone y se mantiene en funcionamiento. Cada uno de estos momentos es una puerta legítima, y ninguno exige haber estado presente en los anteriores.

Los puntos de entrada no son compartimentos excluyentes: son momentos desde los cuales un promotor puede sumarse a promover e invertir, y desde ahí continuar.

Entrar en la preinversión

Un camino horizontal con cuatro flechas de entrada en distintos puntos, todas apuntando hacia adelante.

La entrada más temprana ocurre en la preinversión, y es también la de mayor capacidad de moldear el proyecto. Una empresa puede proponer un proyecto a través de la figura de la iniciativa privada, que es el mecanismo por el cual el sector privado propone, formula o desarrolla una intervención para su ejecución bajo Obras por Impuestos. El Reglamento de la Ley N.° 29230, aprobado por el Decreto Supremo N.° 038-2026-EF, contempla que esta iniciativa puede recaer incluso sobre ideas de proyectos que aún no están registradas en el Banco de Inversiones del sistema de inversión pública.

Entrar aquí significa participar en la definición misma del proyecto: qué se hace, con qué alcance y bajo qué figura del sistema. Es la puerta que más control ofrece sobre el resultado, y la más adecuada para empresas que tienen una necesidad o una oportunidad claramente identificada y quieren darle forma desde el origen. A cambio de ese control, es también la entrada que requiere más trabajo previo, porque implica llevar el proyecto hasta su viabilidad o su aprobación.

Entrar en la elaboración del expediente técnico

Un segundo momento de entrada es cuando el proyecto ya cuenta con su declaración de viabilidad pero todavía no tiene expediente técnico. Aquí la empresa se suma para hacerse cargo de la elaboración de ese expediente —el documento que detalla con precisión de ingeniería lo que se va a ejecutar— y, a partir de ahí, continuar hacia la ejecución. Es una entrada frecuente para empresas que encuentran un proyecto viable, alineado con sus intereses, y quieren tomarlo desde el punto en que está listo para ser desarrollado técnicamente.

Esta puerta combina un proyecto ya validado por el sistema —lo que reduce la incertidumbre sobre su aprobación— con margen todavía amplio para influir en cómo se ejecutará. Para muchas empresas es un punto de equilibrio atractivo: no cargan con el trabajo de formular el proyecto desde cero, pero llegan a tiempo para que el expediente refleje una ejecución eficiente.

Entrar en la ejecución

La tercera puerta es la ejecución. Una empresa puede tomar un proyecto que ya cuenta con expediente técnico aprobado y encargarse de materializarlo, sin haber participado en la preinversión ni en la elaboración del expediente. Esta entrada es especialmente natural para empresas con capacidad de ejecución propia —constructoras y proveedores— cuyo valor está precisamente en construir bien y a tiempo, y que prefieren incorporarse cuando el proyecto está definido y listo para ejecutarse.

Entrar en la ejecución no significa un rol menor. Es la etapa donde se concentra la mayor parte de la inversión y donde la calidad de la gestión determina el resultado final, la liquidación y la emisión oportuna del certificado. Para una empresa que sabe ejecutar, esta puerta permite aprovechar exactamente esa fortaleza sin asumir las etapas previas.

Entrar en la operación y mantenimiento

Documento geométrico que se revisa y mejora con marcas doradas, que evoca la posibilidad de actualizar lo existente.

La cuarta puerta se abre cuando la inversión ya existe y lo que se necesita es operarla o mantenerla. Este es el terreno de los Servicios por Impuestos, la modalidad que permite prestar al Estado servicios —señaladamente la operación y el mantenimiento de una infraestructura— a cambio de certificados. Una empresa puede entrar aquí sin haber construido nada: su aporte es hacer que un activo público funcione y se sostenga en el tiempo.

Es una puerta pensada para operadores y proveedores de servicios, un perfil de empresa muy distinto al de una constructora, y demuestra que el mecanismo no se agota en levantar obras. Operar una planta, mantener una vía o prestar un servicio recurrente a un distrito son formas plenas de participación, con su propio certificado como contraprestación.

Esta entrada tiene, además, un atractivo particular: al partir de un activo que ya existe, elimina buena parte de la incertidumbre asociada a construir. La empresa no depende de la formulación de un proyecto ni de los avatares de una obra; su compromiso es prestar bien un servicio conocido, durante un periodo definido. Para negocios cuya fortaleza es la operación continua y la eficiencia en el día a día, esa previsibilidad convierte a la operación y mantenimiento en una puerta especialmente cómoda de cruzar.

Una puerta no cierra las demás: entrar y continuar

El valor de estos cuatro momentos no está solo en poder elegir por dónde empezar, sino en que entrar por uno no impide recorrer los siguientes. Quien se suma en la preinversión no se queda ahí: normalmente continúa hacia el expediente técnico, la ejecución y la liquidación, hasta la emisión del certificado. Ese recorrido completo es, de hecho, el desenlace más habitual y el que la mayoría de las empresas busca. La puerta de entrada define dónde una empresa se incorpora, no dónde termina su participación.

Esa continuidad puede además extenderse hacia adelante. Una empresa que ejecuta una obra puede, después, asumir su operación y mantenimiento como un Servicio por Impuestos, encadenando la construcción con el funcionamiento de la misma inversión. De ese modo, lo que empezó como una entrada en un punto del ciclo se convierte en una participación que abarca varias etapas y se extiende en el tiempo. Ver los puntos de entrada como momentos de un mismo recorrido —y no como opciones que se excluyen— es lo que revela todo el potencial del mecanismo.

Un ejemplo lo hace tangible. Una empresa podría identificar la necesidad de una planta de tratamiento en un distrito, proponerla por iniciativa privada y formularla; llevarla luego a su expediente técnico; ejecutarla; y, finalmente, asumir su operación y mantenimiento durante el periodo previsto. Habría entrado por la primera puerta y recorrido las cuatro. Otra empresa, en cambio, podría sumarse solo en la ejecución de ese mismo proyecto, aprovechando que llega cuando ya está definido; y una tercera, únicamente en su operación posterior. Las tres participan del mismo mecanismo, cada una desde el punto que corresponde a lo que sabe hacer, y ninguna necesita haber estado presente en las etapas que no le tocaban. El recorrido es común; lo que cambia es dónde cada empresa decide subirse a él.

Entrar no significa aceptar lo que ya existe

Hay un punto que conviene subrayar, porque desactiva un temor común. Entrar en un proyecto que ya tiene un perfil formulado o un expediente elaborado no obliga a la empresa a aceptar ese documento tal como está. El Reglamento del Decreto Supremo N.° 038-2026-EF, al regular las iniciativas privadas, contempla expresamente la posibilidad de proponer la actualización o modificación de fichas técnicas, estudios de preinversión a nivel de perfil, expedientes técnicos y planes de operación y mantenimiento ya existentes.

Esto importa porque, en la práctica, es frecuente que un documento previo tenga errores, esté desactualizado o haya sido concebido para un alcance insuficiente. Poder proponer su revisión, en lugar de heredar sus defectos, es una garantía de que la empresa no queda atrapada por el trabajo de otro. La entidad pública, a través de su Unidad Formuladora, evalúa y determina si corresponde la actualización, y hay un límite razonable: la actualización no puede cambiar la concepción técnica del proyecto que sustentó su viabilidad. Dentro de ese marco, sin embargo, hay espacio real para mejorar, corregir y ajustar lo que se recibe.

Entrar sobre un perfil o un expediente que ya existe no obliga a heredarlo con sus defectos: la norma permite proponer su revisión y actualización.

Los costos de las etapas que asume se reconocen

Una preocupación legítima al entrar en un punto temprano es qué ocurre con lo que cuesta formular el proyecto o elaborar el expediente. Aquí el mecanismo ofrece una respuesta que reduce el riesgo: esos costos no quedan a la deriva. El Reglamento establece que el Monto Total del Convenio de Inversión comprende, además del monto de la inversión, el costo de la ficha técnica o de los estudios de preinversión a nivel de perfil, el del expediente técnico y el del plan de operación y mantenimiento, según corresponda. Es decir, el trabajo de las etapas tempranas que la empresa asume se reconoce dentro del convenio y es recuperable a través del certificado.

Ese reconocimiento cambia la lógica de entrar temprano. Formular un proyecto o elaborar un expediente deja de ser un costo hundido para convertirse en parte de lo que el mecanismo devuelve. Para una empresa que evalúa entrar en la preinversión, saber que esa inversión de arranque está contemplada dentro del convenio hace que la puerta más temprana sea también una decisión más tranquila de tomar.

El punto de entrada define el perfil de la inversión

Aunque todas las puertas conducen al mismo mecanismo, cada una tiene un perfil distinto de control, esfuerzo y tiempo, y reconocerlo ayuda a decidir. Entrar temprano, en la preinversión, ofrece el máximo control sobre cómo se concibe el proyecto, pero exige más trabajo previo y un horizonte más largo hasta la emisión del certificado. Entrar tarde, en la ejecución, reduce el trabajo de definición y acorta el camino hasta el certificado, a cambio de menos margen para influir en el diseño del proyecto.

Entre esos extremos, la entrada en el expediente técnico ofrece un punto intermedio, y la operación y mantenimiento abre una lógica completamente distinta, de participación recurrente sobre un activo ya existente. No se trata de que una sea mejor que otra, sino de que cada perfil encaja con un tipo de empresa y de objetivo. Una organización que valora el control y tiene capacidad de formular se inclinará por entrar temprano; una que valora la velocidad y su fortaleza es ejecutar preferirá una entrada más avanzada.

Cómo elegir el punto de entrada

Con cuatro puertas disponibles, la pregunta deja de ser si participar y pasa a ser desde dónde. Y esa es una decisión que depende de la situación específica de cada empresa: de su capacidad de ejecución, de su disponibilidad de caja y de su horizonte, del tipo de proyecto o servicio que puede aportar, y de los activos u operaciones que tenga en la zona del proyecto. Una constructora, un operador de servicios, un grupo con capacidad de formular y una empresa que solo busca optimizar su carga tributaria llegan al mecanismo por puertas distintas, y a cada una le conviene una distinta.

En la práctica, esa decisión también se cruza con la oferta disponible: una empresa puede revisar la cartera de proyectos que las entidades ya priorizaron y publicaron buscando inversionista, o puede identificar una necesidad y proponer su propio proyecto por iniciativa privada. Cada camino encaja mejor con un punto de entrada distinto, y evaluarlos en conjunto —qué ofrece el mercado de proyectos frente a qué puede aportar la empresa— es parte de la misma decisión de fondo.

No existe un punto de entrada mejor en abstracto; existe el mejor para cada empresa. Determinarlo es un análisis que cruza la posición tributaria, la capacidad operativa y los objetivos estratégicos de la organización, y es precisamente el tipo de evaluación que conviene hacer antes de comprometer recursos. Entender que el mecanismo ofrece varias entradas es liberador; elegir la correcta es lo que convierte esa flexibilidad en una decisión acertada. Y esa decisión, tomada con criterio desde el inicio, es la que distingue a quien aprovecha el mecanismo de quien lo sigue mirando desde afuera.

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